Microrrelatos

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Atravesando el cristal, rompiendo el muro, hurgando en el cemento, encontrarás otra realidad. Ingrávido, suspendido en un aire irrespirado e irrespirable, hueco como el vacío más seco, está el espacio de otra vida, de otro ser, de otra existencia.

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El interior de las cosas siempre es distinto, siempre difiere de aquello que esperábamos. En su caso, la mayoría de las veces se sentía decepcionado. Los envoltorios le fascinaban. Los interiores eran todo decepción. Aquella tarde no fue diferente y ni los mayores oropeles de la cristiandad pudieron levantarle el ánimo entre tanta oscuridad y tanto sabor a polvo. Dicen que en muchas ocasiones las decepciones no son más que proyecciones del alma de uno mismo, o eso había oído él. Lo recordó en aquel momento y tuvo el tiempo justo de cerrar los ojos y excavar lo más profundo posible.

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Que el polvo no nos ahogue. Que la sangre no se pare. Que la mano no sienta las quemaduras tras tocar el hielo. Cuando sigan andando, cuando crucen borrachos de soledad y silencio, firmaremos al borde del sueño como notarios al final de la barra de un bar. Y ahí, en ese momento, cruzaremos también.

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Atravesando el cristal, rompiendo el muro, hurgando en el cemento, encontrarás otra realidad. Ingrávido, suspendido en un aire irrespirado e irrespirable, hueco como el vacío más seco, está el espacio de otra vida, de otro ser, de otra existencia.

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Se asomó a un charco y el reflejo lo abofeteó con una precisión cínica y quirúrgica a la vez. En el agua vio al tipo que siempre había evitado y cuya sombra le había perseguido como un borrón jugando al escondite. Apretó los dientes y los puños, y con ellos las sienes. Trató de quitárselo de encima, pero no. El que estaba allí con los pies empapados ya no era él, era su propio padre.

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Espero. Rodeado del polvo lúgubre que abrasa, cínico, hambriento, con la sangre inflamada y grietas gritando quietas. Espero y aguanto. Pregunto envuelto en brumas de sarna y almizcle, como un sorbo de ratas ahogadas en crines, y vuelvo, y tiento, y padezco. Atraganto voces y me engullo. Y espero. Muero, y espero.

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El mundo en mínimos. La actividad diminuta, ralentizada y mínima. Los detalles fusilados por una calma aplastante que asfixia los dedos. Todo es gigante de tan pequeño. La ciudad más grande es un punto en el mapa, un grano de arena. Tu, como un centinela, solo observas cómo se derrite el mundo y esperas, también diminuto, un turno que se arrastra y nunca llega.

 

 

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